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El miércoles 30 de julio de 2025, el anglicanismo en Gales anunció la elección de Cherry Vann como «arzobispo» del país, convirtiéndose en la primera mujer en alcanzar ese rango en el Reino Unido. Vann, perteneciente al colectivo LGBT (lesbianas, gais, bisexuales y transexuales), es además la primera lesbiana en ocupar tal puesto dentro del anglicanismo británico. La elección se produjo tras la dimisión de su predecesor, Andy John, quien abandonó el cargo debido a escándalos sexuales en su catedral e irregularidades financieras.
Vann, que fue una de las primeras «sacerdotisas» anglicanas en 1994 y «obispo» de Monmouth desde 2020, fue elegida por una asamblea conjunta de clérigos y laicos anglicanos. Su biografía oficial señala que mantiene una unión civil con Wendy Diamond, con quien convive. De hecho, la propia Vann reconoció en declaraciones a la BBC que, como mujer y como persona en una unión homosexual, considera ser un «modelo» para la sociedad galesa, defendiendo que el anglicanismo debe reflejar «la diversidad que hay en el mundo». Asimismo, expresó su expectativa de que el matrimonio entre personas del mismo sexo llegue a ser reconocido en Gales, aunque reconoció que las tensiones con los anglicanos africanos dificultan su aprobación inmediata.
Este nombramiento se presenta como un símbolo del progresismo eclesiástico en el Reino Unido, donde incluso algunos sectores de Inglaterra ven posible que la sucesión del «arzobispo» de Canterbury, vacante tras la dimisión de Justin Welby en noviembre de 2024 por escándalos de abusos, recaiga en una mujer, lo que «marcaría un nuevo comienzo y una Iglesia más moderna», según recogió The Guardian.
Sin embargo, la reacción de la mayoría del anglicanismo mundial, agrupada en la GAFCON (Global Anglican Future Conference, Conferencia de Futuros Anglicanos Global), ha sido de firme condena. Esta estructura, fundada en 2008 para mantener la fidelidad doctrinal frente a las desviaciones teológicas, reúne al 85 % de los anglicanos, incluyendo comunidades que sufren persecución y martirio, como en Nigeria.
En un comunicado fechado el viernes 1 de agosto de 2025, Laurent Mbanda, presidente del Consejo de Primados de GAFCON, afirmó que la elección de Vann constituye «otro doloroso clavo en el ataúd de la ortodoxia anglicana», acusando a la Iglesia de Gales de haber «cedido a la presión mundana que subvierte la palabra de Dios». Mbanda citó expresamente los pasajes de San Pablo en la Carta a los Romanos (1, 25-27.32), la advertencia de San Pedro sobre los falsos maestros (2 Pe 2, 1-2) y el reproche de Cristo a la Iglesia de Tiatira (Ap 2, 20), como pruebas del juicio divino contra la inmoralidad sexual y la apostasía. Con firmeza, llamó a los anglicanos fieles a resistir, recordando que existe la Red Anglicana en Europa (ANiE), creada para acoger a quienes no aceptan la deriva de Canterbury.
En la misma línea, Henry Chukwudum Ndukuba, primado de la Iglesia Anglicana de Nigeria, denunció que la elección de Vann supone «un abandono de la fe que una vez fue entregada a los santos», y lamentó que hoy «haya pocos líderes bíblicos y piadosos en la dirección de la Iglesia de Gales». Recordó los informes que habían cuestionado la gestión del anterior arzobispo, Andrew John, por «límites sexuales difuminados» y abusos de alcohol en la catedral de Bangor, señalando que la sucesión de escándalos demuestra el colapso moral del liderazgo anglicano galés.
Ndukuba concluyó reafirmando la misión de su Iglesia: «defender la autoridad de las Escrituras, los credos históricos, la evangelización y la vida cristiana santa», citando las palabras de Cristo: «las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (Mt 16, 18). Llamó también a denunciar, rechazar y expulsar a los rebeldes doctrinales, reagrupando a los fieles bajo organismos anglicanos como GAFCON.
Este acontecimiento refleja con claridad la fractura interna de la Comunión Anglicana, atrapada entre las presiones del espíritu revolucionario moderno —que busca adaptar la religión a las ideologías de género y al relativismo moral— y la resistencia de quienes, aunque separados de la Iglesia verdadera, intentan aún conservar un resto de fidelidad bíblica. La crisis pone de manifiesto cómo las estructuras nacidas de la Revolución protestante continúan su proceso de disolución, confirmando que solo el retorno al orden cristiano y a la unidad bajo la Iglesia Católica puede garantizar la verdadera libertad religiosa, la moral pública y la defensa de la familia.
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El 1 de agosto de 2025 se confirmó que China atraviesa el tercer año consecutivo de pérdida de población, fruto de décadas de políticas antinatalistas impuestas por el régimen comunista. Tras haber sostenido durante treinta y cinco años la llamada “política del hijo único”, que desde 1979 impuso de manera coercitiva el control de nacimientos, el gobierno abandonó oficialmente dicha medida en 2016 permitiendo dos hijos por familia, y en 2021 autorizó hasta tres. Sin embargo, el daño ya estaba hecho: el país registró en 2023 apenas 9,54 millones de nacimientos, la mitad de los contabilizados en 2016. Ese mismo año, la población total descendió en 1,39 millones, confirmando una tendencia de declive demográfico sin precedentes.
En un giro que revela la contradicción interna del sistema, el gobierno comunista anunció en julio de 2025 un programa de subsidios nacionales con carácter retroactivo al 1 de enero: 500 dólares anuales por cada hijo menor de tres años. Según la cadena estatal China Central Television (CCTV, por sus siglas en inglés), se trataría de «una importante política nacional destinada a mejorar el bienestar público», presentando los pagos en efectivo como una ayuda para reducir la carga económica de la crianza.
No obstante, la realidad subyacente es que Pekín se enfrenta a un invierno demográfico que amenaza la sostenibilidad del sistema de pensiones, la estabilidad económica y su competitividad global. Incluso analistas cercanos al régimen, como Zhiwei Zhang, presidente y economista jefe de Pinpoint Asset Management, reconocen que los subsidios, aunque alentadores, no bastarán para afrontar los desafíos estructurales que hunden sus raíces en décadas de ideología contraria a la ley natural.
Esta dramática situación pone de relieve las consecuencias de una política que, en nombre del colectivismo revolucionario, atentó contra la institución natural de la familia y contra el derecho divino a la vida. Lejos de reconocer su culpa, el régimen pretende ahora revertir los efectos de su propia ingeniería social mediante incentivos económicos que no tocan la raíz moral de la crisis.
El caso chino constituye una advertencia elocuente: cuando la autoridad política se erige en árbitro de la vida, subordinándola a fines ideológicos, se siembra la ruina de la sociedad entera. Frente a los errores del comunismo —heredero de la Revolución anticristiana iniciada en la modernidad—, los católicos estamos llamados a proclamar la verdad sobre el matrimonio y la familia como fundamento del orden temporal, y a defender en todos los ámbitos de la vida social el primado de la ley natural y de la vida humana sobre toda ingeniería política o económica.
El pasado 29 de julio se reveló en Australia un hecho gravísimo: mujeres que abortan voluntariamente a sus hijos después de la semana 20 de embarazo pueden acceder, a través del organismo estatal Centrelink, a prestaciones económicas originalmente creadas para familias que sufren la pérdida de un hijo por muerte fetal. Estas sumas alcanzan hasta 22.754 dólares australianos, una cifra que hoy se presenta como un verdadero incentivo para la eliminación de vidas humanas en gestación avanzada.
Según informó el medio The Daily Declaration, existen dos vías de subsidio: el Stillborn Baby Payment (4.327 dólares) y el Parental Leave Pay (hasta 22.754 dólares). Ambos beneficios se aplican siempre que el aborto se registre oficialmente como parto de un “bebé sin vida”. Una carta filtrada de la oficina de la senadora laborista Katy Gallagher, firmada por la directora de Servicios Ministeriales y Parlamentarios, Katy Stevens, confirmó que los criterios de elegibilidad no excluyen los casos en que la muerte se debió a una interrupción voluntaria del embarazo.
De este modo, prestaciones pensadas para amparar a familias en duelo han pasado a cubrir también procedimientos en los que se provoca deliberadamente la muerte del niño, como la inyección de cloruro potásico o digoxina en el corazón del feto para luego inducir el parto. La abogada provida Joanna Howe explicó: «Matar a un bebé después de la semana 20 y hasta el momento del parto implica un acto deliberado para acabar con la vida de un hijo sano en una etapa muy avanzada del embarazo y entregarlo sin vida».
El presidente de Right to Life de Nueva Zelanda, Ken Orr, calificó la medida como un auténtico escándalo: «El Gobierno australiano utiliza dinero de los contribuyentes para pagar un bono por bebé que incentive y financie el asesinato de niños no nacidos inocentes. El Gobierno de Albanese debería avergonzarse por esta traición al don sagrado de la vida concedido por nuestro Creador».
La base legal de esta política se encuentra en la definición de “bebé sin vida” utilizada por Services Australia, que considera como tal a todo niño de al menos 400 gramos o con 20 semanas de gestación, que al nacer no respire ni presente latido cardíaco. Esta definición permite incluir en la categoría tanto muertes naturales como abortos voluntarios.
Los críticos advierten que la normativa favorece los abortos tardíos en bebés sanos, especialmente en estados como Australia Meridional, donde el 80 % de estos casos no presentan anomalías médicas. La Dra. Howe recordó que en el pasado el llamado “Bono por Bebé” del Gobierno de Howard fue criticado por incentivar embarazos adolescentes: «Esto es mucho peor. En lugar de recibir un pago de 5.000 dólares por dar a luz a término, ahora se incentiva el aborto a la mitad del tiempo».
Ante la indignación, varias organizaciones provida exigen una reforma inmediata que cierre esta laguna legal. La propia Dra. Howe anunció que este lunes, en su programa The Dr Jo Show, hará pública una carta de una ministra laborista que confirma la posibilidad de acceder a pagos por “muerte fetal” tras un aborto voluntario posterior a las 20 semanas.
Este caso refleja hasta qué punto el Estado liberal ha invertido el orden natural, transformando una política pensada para socorrer a familias dolientes en un instrumento para financiar el crimen del aborto. En continuidad con la lógica revolucionaria iniciada con el liberalismo moderno, se subvenciona con dinero público lo que constituye un atentado directo contra la vida y contra la familia, pilares esenciales del orden temporal cristiano. La situación reclama con urgencia la movilización de los seglares católicos en defensa de los niños inocentes y del bien común frente a una legislación injusta que legitima y promueve la cultura de la muerte.
El Cardenal Kurt Koch, Prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, concedió el 6 de agosto de 2025 una extensa entrevista al historiador Michael Hesemann para kath.net, en la que abordó la situación actual del ecumenismo bajo el pontificado de León XIV, el impacto de Fiducia supplicans y la cuestión de la liturgia tradicional.
El purpurado destacó del pontificado de Francisco dos orientaciones principales: los encuentros personales con representantes de otras comunidades religiosas, bajo la fórmula de “caminar, rezar y trabajar juntos”, y el llamado “ecumenismo de sangre”, expresión que identifica como mártires comunes a todos los cristianos. Francisco llegó a afirmar en confianza: «¿No crees que los perseguidores de los cristianos tienen una visión ecuménica mejor que la nuestra? Porque saben que somos uno».
Respecto al Papa León XIV, Koch señaló que «tiene una relación íntima con el mundo oriental» y que «se puede decir que es amigo de la Ortodoxia», lo que refuerza la orientación ecuménica hacia Oriente.
El cardenal reconoció que el documento vaticano sobre las bendiciones a parejas en situaciones irregulares provocó una crisis en las relaciones con las Iglesias orientales. Estaba previsto que en la asamblea plenaria de enero se tratara el tema de la Virgen María, pero «las Iglesias orientales sólo querían hablar de Fiducia supplicans».
El Cardenal Víctor Manuel Fernández viajó a El Cairo para dialogar directamente con el Patriarca copto, en un intento de calmar la tensión. Koch añadió que también hubo fuertes reservas dentro de la Iglesia católica, especialmente por parte de los obispos africanos, quienes alertaron sobre la contradicción del documento no solo en lo referente a las uniones homosexuales, sino también en lo que toca a la poligamia y otras situaciones contrarias a la ley natural.
Esta reacción confirma que, incluso dentro de la Iglesia, persiste la resistencia a aceptar principios que relativizan la moral objetiva y que abren una peligrosa puerta a la disolución de la disciplina eclesial.
Sobre la separación de Oriente y Occidente, Koch recordó que las excomuniones de 1054 fueron personales y terminaron con la muerte de los protagonistas. Subrayó la necesidad de un “diálogo de amor” y de experiencias comunes, especialmente litúrgicas, como medio para avanzar hacia la unidad.
En relación con la fecha común para la Pascua, mencionó que el Concilio Vaticano II abrió la posibilidad, pero advirtió contra el riesgo de nuevas divisiones internas.
Respecto a la sinodalidad, el cardenal insistió en que no puede separarse de la primacía de Roma: «No hay sinodalidad sin primacía ni primacía sin sinodalidad». Los ortodoxos reconocen un primado de honor en el Obispo de Roma, pero la disputa se centra en los poderes concretos que debe ejercer. En 2023, el Dicasterio publicó un documento sobre este tema, enviado a todas las Iglesias cristianas, y se prevé una síntesis con vistas a ser discutida con León XIV.
Al ser preguntado sobre la postura del Papa León XIV respecto de la liturgia tradicional, Koch se mostró cauto: «No he hablado de ello con el Papa León y no quiero crear falsas esperanzas». Sin embargo, añadió: «Personalmente, me alegraría si pudiéramos encontrar un buen camino. El Papa Benedicto XVI ha mostrado un camino útil al estar convencido de que no se puede prohibir sin más algo que se practica desde hace siglos. Eso me convenció. El Papa Francisco ha elegido un camino muy restrictivo a este respecto. Sin duda, sería deseable volver a abrir la puerta ahora cerrada».
La entrevista deja en evidencia que el movimiento ecuménico, al buscar la unidad sin una plena confesión de la verdad católica, tropieza con contradicciones internas. Documentos como Fiducia supplicans agravan la confusión y debilitan la credibilidad de la Iglesia ante Oriente y ante sus propios fieles.
En este contexto, la referencia esperanzada a la liturgia tradicional resuena como recordatorio de que la verdadera unidad y la renovación eclesial no pueden edificarse sobre concesiones al espíritu del mundo, sino sobre la fidelidad a la tradición recibida. Esta es la tarea que exige hoy la militancia seglar en la defensa de la fe, de la moral y del culto auténtico en la vida pública y eclesial.
Michael Hesemann: Eminencia, los dos primeros encuentros del Papa León con el jefe honorario de la Ortodoxia, el Patriarca de Constantinopla, Bartolomé I, y la prevista visita papal a Turquía para conmemorar el 1700 aniversario del Concilio de Nicea, están volviendo a poner de actualidad el ecumenismo, el diálogo y la reconciliación con las iglesias de Oriente. Pero antes de llegar al Papa León, echemos la vista atrás al último pontificado, el Papa Francisco. ¿Qué ha aportado su pontificado al ecumenismo? ¿Cómo se ha avanzado en cuestiones ecuménicas?
Cardenal Koch: Merece la pena destacar dos aspectos del Papa Francisco. En primer lugar, sus encuentros directos con representantes de otras Iglesias. Siempre utilizó la triple fórmula: «caminar juntos, rezar juntos, trabajar juntos». Esto era una prioridad para él, al igual que las relaciones amistosas con otras iglesias cristianas.
En segundo lugar, está el llamado «ecumenismo de sangre», término que acuñó siguiendo al Papa Juan Pablo II. La convicción subyacente es que hoy hay muchos mártires y que todas las iglesias cristianas tienen sus mártires. Los cristianos no son perseguidos por ser católicos, ortodoxos o protestantes, sino por ser cristianos. La sangre de los mártires nos une, no nos divide.
El Papa Francisco ha hecho mucho hincapié en esto. Una vez me dijo con humor, pero con seriedad: «¿No crees que los perseguidores de los cristianos tienen una visión ecuménica mejor que la nuestra? Porque saben que somos uno». Creo que eso era muy importante para él.
Hesemann: El ecumenismo llegó tan lejos que, por ejemplo, el Papa copto Tawadros mantuvo una audiencia con el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro. Sin embargo, el documento «Fiducia supplicans» fue un pequeño paso atrás. ¿Cómo lo valora? ¿Qué puede significar para el nuevo pontificado? ¿Es necesario relativizar «Fiducia supplicans» o cómo superar este obstáculo?
Cardenal Koch: En efecto, se trata de una situación difícil. El año pasado pudimos echar la vista atrás a 20 años de diálogo ecuménico con las Iglesias ortodoxas orientales. En la asamblea plenaria de enero, el plan era hablar de María y de la devoción mariana. Sin embargo, las Iglesias orientales sólo querían hablar de la «Fiducia supplicans». Intenté invitar al cardenal Fernández, pero no fue posible debido a la reunión plenaria de su dicasterio. Más tarde viajó a El Cairo y habló con el Patriarca en persona. Decidimos entonces celebrar reuniones separadas a principios de este año: los católicos y los orientales entre sí. Ahora estoy esperando los informes con la esperanza de poder reanudar el diálogo.
En cuanto a «Fiducia supplicans», el dicasterio es responsable de la Doctrina de la Fe. También hubo grandes reservas por parte de los católicos, especialmente de los obispos africanos. Ellos ven « Fiducia supplicans» no sólo con respecto a las relaciones homosexuales, sino que también piensan en otras relaciones no canónicas, especialmente la poligamia, que es absolutamente inaceptable para ellos.
Hesemann: Recientemente se celebró en Viena una conferencia para debatir la cuestión del llamado Gran Cisma entre la Ortodoxia y la Iglesia Católica en 1054. ¿Fue un cisma o más bien una profundización del distanciamiento? ¿Qué opina al respecto?
Cardenal Koch: Hay que partir de la base de que las excomuniones de 1054 no fueron excomuniones de las Iglesias. El cardenal Humberto de Silva Candida excomulgó al patriarca Miguel y el patriarca excomulgó al cardenal. Según la creencia católica, las excomuniones terminan con la muerte de la persona afectada. Por tanto, no se trataba de una excomunión de las iglesias como tal. Esto quizá se malinterpretó en 1965, cuando el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras consignaron las excomuniones de 1054 «al olvido histórico». En este sentido, no se puede hablar de cisma. Comparto la convicción del profesor Larentzakis de Graz y el Patriarca Bartolomé también lo mencionó en su discurso de bienvenida en Viena.
Hesemann: ¿Cómo se puede superar este distanciamiento?
Cardenal Koch: Conociéndose personalmente, sobre todo allí donde se es más intensamente católico u ortodoxo, es decir, en la liturgia. Es una ley básica de la psicología del aprendizaje que no se pueden superar las emociones sólo con información, por muy buena que ésta sea. Lo que se necesita es una experiencia emocional positiva, sobre todo la constatación de que ambas partes son cristianas y ambas aman a Cristo. Por eso es muy importante el diálogo de amor para conocerse a un nivel más profundo.
Hesemann: En su discurso a las Iglesias orientales, el Papa León subrayó la importancia de la diversidad de liturgias. También existe una cierta diversidad dentro de la tradición católica romana, a saber, la «antigua» misa tridentina y la misa regular postconciliar, el Novus Ordo. Es bien sabido que el Papa Francisco no es amigo de la antigua Misa Tridentina y la ha restringido severamente. ¿Cree usted que el Papa León volverá a ser más abierto en este sentido y podría implicar más a los seguidores de la liturgia tradicional?
Cardenal Koch: No he hablado de ello con el Papa León y no quiero crear falsas esperanzas. Personalmente, me alegraría si pudiéramos encontrar un buen camino. El Papa Benedicto XVI ha mostrado un camino útil al estar convencido de que no se puede prohibir sin más algo que se practica desde hace siglos. Eso me convenció. El Papa Francisco ha elegido un camino muy restrictivo a este respecto. Sin duda, sería deseable volver a abrir la puerta ahora cerrada.
Hesemann: En 2025, además del aniversario de Nicea, habrá otro signo importante: la Pascua común, que solo se celebra cada pocos años. El Papa Francisco ha dicho varias veces que se imagina un avance hacia una fecha común para la Pascua. ¿Cree que el Papa León irá más lejos en esta dirección? ¿Cuál es su opinión personal al respecto?
Cardenal Koch: El Concilio Vaticano II ya declaró en un apéndice de la constitución litúrgica «Sacrosanctum Concilium» que la Iglesia católica está abierta a esta cuestión y aceptaría una decisión si todas las demás iglesias cristianas están de acuerdo. El Papa Francisco ha llevado esta posición más lejos y el Papa León XIV ya se ha expresado en esta dirección. Mi principal preocupación es que busquemos una fecha común, pero no causemos nuevas divisiones en las iglesias individuales y en la comunidad ecuménica. Sería deseable e importante encontrar una fecha común para la Pascua, pero sólo si no provoca nuevas divisiones.
Hesemann: El Papa León ya habló de sinodalidad en su primer discurso en la logia de la basílica de San Pedro, un término que conocemos bien de las iglesias ortodoxas. Los alemanes lo asocian con su «vía sinodal», que ciertamente no es lo que quería decir el Papa León. ¿Puede explicar a nuestros lectores la diferencia entre la sinodalidad tal como la entiende el Papa León y el «modo sinodal» de los obispos alemanes?
Cardenal Koch: El propio Papa León dio la clave en su discurso cuando dijo que él era discípulo de San Agustín, es decir, agustino. San Agustín utilizó las útiles palabras en su ordenación episcopal: «Con vosotros soy cristiano, por vosotros soy obispo». Todo el concepto de sinodalidad reside en esta tensión entre «ser con vosotros» por el bautismo y «ser para vosotros» por la consagración.
La sinodalidad no es una contradicción con la jerarquía, sino que ambas son mutuamente dependientes. No hay sinodalidad sin primacía ni primacía sin sinodalidad. El Papa Francisco siempre ha subrayado que la sinodalidad no es parlamentarismo. El prototipo de la sinodalidad es el Espíritu Santo. El Papa León también continuará en esta línea. En su discurso de , también dejó claro que lo que más le preocupa es una Iglesia misionera y, por tanto, sinodal. Porque la sinodalidad está al servicio de la misión.
Hesemann: ¿Describiría al Papa León XIV como amigo de la Ortodoxia?
Cardenal Koch: Sí, se puede decir así. Esto también quedó patente en su discurso a las Iglesias católicas orientales. Él tiene una relación íntima con el mundo oriental. Lo que dijo sobre las Iglesias católicas orientales también se aplica de manera similar a las Iglesias ortodoxas orientales.
Hesemann: ¿En qué punto nos encontramos en el camino hacia la comunión con las diversas Iglesias ortodoxas? En algunos casos, como en Armenia, ya ha habido experiencias correspondientes. ¿Cuál es la situación actual?
Cardenal Koch: Tenemos mucho en común con los ortodoxos orientales y las iglesias ortodoxas en cuanto a la fe y la comprensión de la Iglesia. La cuestión central es la del ministerio petrino. Aquí también hay un buen punto de partida, ya que los ortodoxos reconocen una jerarquía de sedes episcopales en la que Roma ocupa el primer lugar. La cuestión abierta, sin embargo, es qué poderes tiene el Obispo de Roma: ¿se trata de una mera primacía de honor o lleva asociados ciertos deberes y derechos? En 1995, el Papa Juan Pablo II invitó a todas las Iglesias cristianas a encontrar una práctica común de la primacía para que el oficio petrino deje de ser un obstáculo y se convierta en una ayuda en el camino hacia la unidad. El año pasado, nuestro dicasterio publicó un documento sobre este tema, que fue enviado a todas las Iglesias cristianas. En cuanto recibamos las respuestas, elaboraremos una síntesis y discutiremos con el Papa León cómo podemos proceder.
Hesemann: Los ortodoxos tampoco están siempre de acuerdo entre sí, por ejemplo en lo que se refiere a la primacía del honor. ¿Cómo afecta esto al diálogo con Roma?
Cardenal Koch: En efecto, se trata de un problema importante. Mientras buscamos la unidad con los ortodoxos, surgen nuevas divisiones dentro de la Ortodoxia, por ejemplo con respecto a la declaración de autocefalia de la Iglesia Ortodoxa en Ucrania. Esta cuestión es controvertida en el seno de la Iglesia Ortodoxa. Sin embargo, es crucial para nuestro diálogo ecuménico que lo llevemos a cabo junto con todas las Iglesias ortodoxas canónicas, como desean las propias Iglesias ortodoxas.
Hesemann: ¿Cómo ve las posibilidades de que Roma actúe como mediadora en las divisiones de la Ortodoxia?
Cardenal Koch: No es fácil. Incluso antes de la guerra en Ucrania, las relaciones entre Moscú y Constantinopla eran difíciles. Con la guerra, la situación se ha vuelto aún más difícil. Roma sólo puede actuar como mediadora si las distintas partes en conflicto lo desean. De momento no parece que sea así.
Hesemann: ¿Y el ecumenismo con los protestantes, especialmente en Alemania?
Cardenal Koch: No mantenemos diálogos a nivel nacional; esa es tarea de las conferencias episcopales. Nuestro diálogo tiene lugar con las confederaciones mundiales, como la Federación Luterana Mundial . El luteranismo en Alemania es un caso especial. Esto se debe a que existe la Iglesia Evangélica Luterana Unida (VELKD), que a su vez es miembro de la EKD. Mientras que la VELKD se basa en la Confessio Augustana, ésta no es uno de los fundamentos confesionales de la EKD. También está el Comité Nacional de la Federación Luterana Mundial. Actualmente estamos iniciando una nueva fase de diálogo con la Federación Luterana Mundial con la esperanza de que leyendo juntos la Confessio Augustana podamos dar nuevos pasos hacia un entendimiento de la Iglesia.
El pasado 22 de julio, combatientes del autodenominado Estado Islámico en Mozambique perpetraron una masacre en la aldea de Natocua, distrito de Ancuabe, donde seis cristianos fueron capturados y decapitados. El Middle East Media Research Institute (MEMRI), centro especializado en el seguimiento del extremismo, ha calificado estos hechos como parte de un «genocidio silencioso» dirigido contra comunidades cristianas indefensas.
La provincia de Cabo Delgado, al norte de Mozambique, se ha convertido en un foco de persecución. El brazo local de esta organización, el Estado Islámico Provincia de Mozambique (ISMP), difundió veinte fotografías que exhiben incendios de iglesias, casas destruidas y ejecuciones de civiles. Entre ellas, se mostraban cuerpos decapitados y la ejecución pública de un presunto integrante de las llamadas «milicias infieles».
La violencia se extiende más allá de las fronteras mozambiqueñas. El 27 de julio, la Provincia Central de África del Estado Islámico (ISCAP) llevó a cabo un ataque contra la aldea de Komanda, en la provincia de Ituri (República Democrática del Congo). Allí se disparó contra una iglesia católica, se incendiaron casas, comercios y vehículos, dejando al menos 45 personas asesinadas.
La meta, según declaraciones de Alberto Miguel Fernández, vicepresidente del MEMRI y exdiplomático estadounidense, es inequívoca: «Erradicar la presencia cristiana de la región. A los musulmanes que no se alinean con su causa les ofrecen dos opciones: unirse o morir. A los cristianos, ni siquiera eso». Fernández denunció además que estos grupos no actúan en la sombra, sino que avanzan ganando terreno en varios países, comprometiendo no solo la estabilidad local, sino también la seguridad internacional.
Entre el 20 y el 28 de julio, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), dependiente de la ONU, reportó que más de 46.000 personas —en su mayoría niños— fueron forzadas a huir de Cabo Delgado. Sin embargo, los comunicados oficiales de Naciones Unidas han evitado mencionar la motivación religiosa de los ataques. Fernández advirtió que esta postura constituye «una forma de neutralidad que encubre la naturaleza del problema» y que al hablar únicamente de desplazados, sin nombrar a los verdugos ni la causa de la violencia, se ofrece «una visión incompleta, cuando no cómplice, de la realidad».
Expertos en seguridad internacional coinciden en que el avance de grupos yihadistas vinculados al Estado Islámico en África constituye una amenaza creciente y sistemáticamente ignorada por la diplomacia mundial. Mientras miles de familias cristianas son expulsadas de sus tierras, los templos reducidos a cenizas y las comunidades aniquiladas, el silencio político y mediático favorece una guerra cruel y olvidada.
Este martirio prolongado de los cristianos en África se inscribe en el largo proceso revolucionario que, desde la herejía protestante hasta el nihilismo cultural contemporáneo, ha intentado arrancar de las naciones la fe en Jesucristo. Hoy, la sangre de los mártires clama nuevamente, recordándonos que la defensa de la verdadera religión y del orden cristiano no es una opción secundaria, sino una urgencia impostergable en la batalla por la restauración del bien común.
Un reciente informe del Williams Institute de la Universidad de California en Los Ángeles, publicado el 21 de agosto de 2025, revela que cerca de 2,8 millones de estadounidenses de 13 años o más —aproximadamente el 1% de la población total— se identifican como “transgénero”. El dato más alarmante se concentra en las nuevas generaciones: un 3,3% de los adolescentes entre 13 y 17 años (unos 724.000 jóvenes) y un 2,7% de los adultos jóvenes de 18 a 24 años (827.000 personas). En cambio, las cifras descienden significativamente en la población mayor: 1,4% entre 25 y 34 años, 0,4% entre 35 y 64, y apenas 0,3% entre mayores de 65.
En total, los adultos que se identifican con esta categoría alcanzan los 2,1 millones, lo que supone el 0,8% de la población mayor de edad. La autora principal del estudio, Jody Herman, atribuyó la mayor proporción juvenil a una supuesta “mayor disposición” a declarar esta condición en las encuestas.
El estudio también señala variaciones geográficas: Minnesota registra el mayor porcentaje de adultos transgénero (1,2%), mientras que Hawái encabeza la proporción adolescente con un 3,6%.
Los responsables del informe —basado en sistemas de encuestas federales BRFSS (2021–2023) y YRBS (2021 y 2023)— destacan que la proporción adulta se ha mantenido estable en la última década, pero que el peso de adolescentes y jóvenes explica el incremento total desde los 1,4 millones estimados en 2016 hasta los 2,1 millones actuales.
El mismo instituto anuncia que estas cifras servirán para elaborar “informes de política pública”, lo que implica un uso ideológico de los datos en la promoción de leyes y programas que normalizan la confusión de identidad. En paralelo, una encuesta de Gallup (mayo 2025) muestra un descenso en el apoyo al llamado “matrimonio” homosexual entre los votantes republicanos: 41% frente al 55% en 2022, aunque el respaldo general se mantiene en un 68%.
Este panorama refleja con claridad el efecto corrosivo de la Revolución cultural de 1968, que introdujo la ideología de género como parte de la demolición sistemática del orden natural y cristiano. La acelerada penetración de estas ideas en los adolescentes —edad decisiva para la formación de la persona— constituye una amenaza directa contra la familia, la moral pública y la estabilidad social.
Frente a estos datos, se hace evidente la necesidad de una respuesta militante de los católicos en el ámbito cultural y educativo, reafirmando la verdad sobre la naturaleza humana creada varón y mujer, y resistiendo a los intentos de institucionalizar la mentira como norma social.
El 26 de agosto de 2025, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (HHS) envió cartas de advertencia a 40 estados, al Distrito de Columbia y a cinco territorios, exigiendo la eliminación de contenidos de ideología de género en los programas de educación sexual financiados por el Personal Responsibility Education Program (PREP). De no hacerlo en un plazo de 60 días, las jurisdicciones perderán más de 81 millones de dólares en subvenciones anuales destinadas a la prevención del embarazo adolescente.
El HHS reconoció que la inclusión de dichos materiales fue un «error» de administraciones anteriores y subrayó que ahora se encuentran «fuera de cumplimiento» con los objetivos del programa. La advertencia no afecta a los contenidos de biología reproductiva, pero sí a terminología y conceptos que, según la agencia, exceden el marco de la educación en salud sexual.
Entre los ejemplos citados:
En Vermont, se cuestionó un material que definía el género como «las ideas en una cultura o sociedad sobre cómo deben vestirse, comportarse, pensar y sentir hombres y mujeres» y describía la identidad de género como «la comprensión interna de las personas sobre el género con el que se identifican».
En Washington, se señalaron textos que afirmaban que la identidad de género puede diferir del «sexo asignado al nacer» y que los niños manifiestan esa identidad entre los 18 meses y los 5 años.
En Dakota del Sur, se objetó una «pregunta frecuente» que diferenciaba entre las características físicas del «sexo asignado al nacer» y el «género» como autoidentificación personal.
Las cartas destacan que estos ejemplos se repiten en varios estados por el uso de proveedores comunes de materiales didácticos.
Un antecedente inmediato ocurrió en agosto, cuando California perdió más de 12 millones de dólares de subvención del PREP por mantener en su currículo contenidos vinculados a la ideología de género.
La medida forma parte de las directrices federales impulsadas por la Administración Trump desde inicios de 2025, que obligan a las agencias a emplear la categoría de «sexo biológico» en sus políticas y a revisar cualquier programa que incluya terminología ideológica sobre el género.
En una declaración oficial, Andrew Gradison, secretario adjunto interino del HHS, afirmó:
«Llega la rendición de cuentas. Los fondos federales no se utilizarán para envenenar las mentes de la próxima generación ni para promover agendas ideológicas peligrosas. La Administración Trump se asegurará de que el programa refleje la voluntad del Congreso, no las prioridades de la izquierda».
Este hecho evidencia un momento de freno a la expansión de la Revolución cultural de 1968, que mediante la ideología de género ha buscado erosionar la ley natural, desfigurar la identidad sexual y debilitar la familia, célula primera del orden cristiano. La disputa revela el terreno decisivo de la educación: allí donde se forme a los jóvenes según el orden natural y cristiano, se abrirá la posibilidad de restaurar una sociedad conforme al bien común; allí donde prevalezcan ideologías revolucionarias, se perpetuará la subversión del orden temporal.
Dos menores, de 8 y 10 años, perdieron la vida y 17 personas (14 menores y 3 adultos) resultaron heridas durante un tiroteo en una iglesia de Minneapolis. El ataque ocurrió mientras se celebraba la misa de inicio de curso en la Iglesia de la Anunciación. El atacante, un exalumno, se suicidó en el lugar. El Papa ha enviado un telegrama de condolencia.
Según el jefe de la Policía, Brian O’Hara, el agresor, identificado como Robin Westman, de 23 años, disparó a través de las ventanas del templo con un rifle, una escopeta y una pistola. Las tres armas habían sido adquiridas legalmente por el joven recientemente.
El suceso se produjo alrededor de las 8:30 de la mañana, durante la primera misa escolar del año, a la que asistían alumnos de Infantil hasta 8.º de Primaria.
Víctimas e investigación
Entre los 17 heridos, 14 son menores y tres son feligreses octogenarios. Las autoridades han indicado que se espera la recuperación de todos los hospitalizados, aunque algunos tuvieron que ser intervenidos quirúrgicamente. El atacante se quitó la vida en el lugar.
La Policía de Minneapolis, con el apoyo del FBI, investiga el caso como posible terrorismo doméstico y crimen de odio contra católicos. Las autoridades están analizando un video y un manifiesto que el sospechoso había programado para publicarse en YouTube y que fue retirado. Se ha informado que el agresor portaba varios cargadores y que algunas salidas del recinto estaban bloqueadas desde el exterior, un detalle que también está bajo investigación.
El jefe de la Policía, Brian O’Hara, calificó el suceso como «absolutamente incomprensible».
Telegrama del Papa
El papa envió un telegrama expresando su «sentido pésame junto con la seguridad de su cercanía espiritual a todos los que se han visto afectados por esta terrible tragedia», especialmente a las familias «que ahora lloran la pérdida de un hijo».
León XIV «confía las almas de los niños fallecidos al amor de Dios Todopoderoso» y les asegura sus oraciones «por los heridos, así como por los socorristas, el personal médico y los miembros del clero que se ocupan de ellos y de sus seres queridos».
Las autoridades de la ciudad han ordenado que las banderas ondeen a media asta y han activado puntos de reunión para las familias afectadas. La Escuela Católica Annunciation, que acoge a unos 400 alumnos, es una institución con más de un siglo de historia.
Perfil del asesino
Robin M. Westman, de 23 años, fue alumno de la Anunciación, donde cursó hasta el octavo grado. Su madre, Mary Grace Westman, trabajó durante cinco años como secretaria parroquial en la misma institución, un hecho que lo vincula aún más con el lugar del ataque.
En 2020, Westman, cuyo nombre original era Robert, cambió legalmente su nombre a Robin, argumentando su identificación como mujer. No contaba con antecedentes penales, y las armas utilizadas en el tiroteo (un rifle semiautomático, una escopeta y una pistola) fueron adquiridas de manera legal. La policía ha confirmado que actuó solo.
La investigación ha revelado que, antes del ataque, Westman publicó al menos dos vídeos en YouTube que posteriormente fueron retirados. Uno de ellos mostraba un arsenal de armas y municiones con mensajes violentos escritos sobre ellas, como «Kill Donald Trump» y «Where is your God?», así como referencias ideológicas y simbólicas.
Otro vídeo contenía diarios escritos a mano en cirílico y un manifiesto. En un cuaderno, se halló un dibujo de la bandera trans junto a un fusil AK-style y un sticker de la banda KMFDM, una referencia que ha aparecido en otros tiroteos escolares. Los investigadores también encontraron dibujos del plano de la iglesia con indicaciones de las ventanas, lo que sugiere que el ataque fue premeditado.
El contenido audiovisual incluía además mensajes de despedida a su familia, en los que expresaba arrepentimiento y desesperanza.
Tras su paso por la Anunciación, Westman asistió brevemente a una escuela dirigida por Minnesota Transitions Charter School y, posteriormente, al colegio militar católico St. Thomas Academy. En esta última institución, escribió un texto introspectivo titulado «But Not The End» en el que reflexionaba sobre su nombre y su legado.
Recientemente, Westman había trabajado como especialista en cuidado personal en una dispensaria de cannabis medicinal, pero fue despedido poco antes del tiroteo. Según excompañeros de trabajo, su puntualidad era irregular y había insinuado que ciertos eventos recientes habían sido el detonante para lo que estaba planeando.
El 30 de agosto de 2025, diversos medios informaron que la eutanasia se ha convertido en una práctica habitual dentro del sistema sanitario canadiense, alcanzando ya el 5 % de todos los fallecimientos en el país. En apenas una década desde la legalización de la llamada Asistencia Médica para Morir (MAiD), una de cada veinte muertes es provocada por médicos, cifra que supera a los fallecimientos por alzhéimer y diabetes combinados.
El artículo de The Atlantic, significativamente titulado «Canadá se está matando a sí misma», muestra cómo el país ha establecido el régimen de eutanasia de crecimiento más acelerado del mundo. Algunos médicos han realizado centenares de estas prácticas y aún así declaran no poder atender la demanda creciente. La doctora Stefanie Green, fundadora de la Asociación Canadiense de Proveedores de MAiD, abandonó su trayectoria como médica de maternidad para dedicarse exclusivamente a estos procedimientos, describiendo ambos —parto y eutanasia— como “dos formas de traer a alguien al mundo”. La comparación revela hasta qué punto se ha pervertido la noción misma de la medicina.
Legalizado en 2016 con el argumento de la “autonomía” y la reducción del sufrimiento, el MAiD ha abierto la puerta a lo que ya se describe como una verdadera “cultura de la muerte”. La Asociación Médica Estadounidense recuerda en su declaración oficial que la eutanasia es «fundamentalmente incompatible con el papel del médico como sanador» y que «supone graves riesgos sociales». En un sistema de salud pública como el canadiense, este riesgo se agrava, pues las decisiones sobre la vida terminan condicionadas por criterios económicos y por juicios arbitrarios sobre la “calidad de vida”.
El deterioro moral es evidente: pacientes con discapacidad, ancianos o enfermos expresan cada vez más el deseo de morir para no ser “una carga” a sus familias. La profesora Theresia Degener, experta en Derecho y Discapacidad, denunció la creciente mentalidad según la cual “una vida con discapacidad vale menos y que, en ciertos casos, la muerte es preferible”. Así, lo que comenzó como un supuesto “derecho a morir” se convierte rápidamente en un “deber de morir”.
Lejos de existir garantías efectivas, los informes demuestran graves irregularidades. Una investigación de The New Atlantis documentó cientos de violaciones legales solo en la provincia de Ontario. Entre ellas se cuentan administraciones de eutanasia a personas incapaces de consentir, falta de comunicación con farmacéuticos, incumplimiento del plazo legal de espera de diez días y, en un caso, la aplicación de medicamentos erróneos que obligó a repetir el proceso. El forense jefe de Ontario, Dirk Huyer, reconoció la “violación flagrante” de la ley, aunque se limitó a mantener “conversaciones informales” con los médicos responsables.
En 2023, aproximadamente una cuarta parte de los proveedores de eutanasia en Ontario fue notificada por irregularidades. La ley exige investigaciones penales, pero ninguna fue remitida a los tribunales. La doctora Eugenie Tjan, pese a su error reconocido, recibió solo un correo de advertencia y continúa ejerciendo.
La expansión legislativa sigue su curso: la eutanasia ya no se limita a pacientes en fase terminal, sino que abarca a enfermos graves sin pronóstico de muerte inmediata. Pronto se permitirá también para personas con trastornos mentales, y el Parlamento ha recomendado su extensión a menores de edad.
El suicidio asistido no constituye un acto médico, sino la corrupción de la medicina en su esencia. Al legitimar la eliminación de los más débiles, se socava la confianza social y se pone en peligro el fundamento mismo del orden natural: la inviolabilidad de la vida humana. Este paso en el proceso revolucionario —que comenzó con la exaltación de la autonomía individual en la modernidad y hoy desemboca en el descarte sistemático— convierte a Canadá en un laboratorio de la cultura de la muerte.
El caso canadiense debe ser una advertencia para otros pueblos. Frente a esta situación, los fieles católicos están llamados a dar testimonio firme, defendiendo la dignidad de toda vida humana y trabajando por la restauración de un orden social que reconozca a Cristo Rey como fuente de la verdadera libertad y de la verdadera misericordia.
El gobierno de la presidenta Dina Boluarte ha iniciado un proceso formal para evaluar la salida del Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), organismo perteneciente al Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Esta decisión, anunciada el 27 de agosto de 2025, se enmarca en la creación de un Grupo de Trabajo Multisectorial temporal liderado por el Ministerio de Defensa, con el objetivo de elaborar una propuesta de Ley de Soberanía Nacional que limite la injerencia de organismos internacionales en asuntos internos del Estado peruano.
Contexto y Fundamentos del Ejecutivo
La medida surge tras la promulgación de la Ley de Amnistía (Ley N° 32419) el 13 de agosto de 2025, que beneficia a militares, policías y comités de autodefensa investigados por delitos cometidos durante el conflicto armado interno (1980-2000). La Corte IDH y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) habían cuestionado esta norma por considerarla incompatible con sentencias previas, como los casos Barrios Altos y La Cantuta, donde se invalidaron leyes de impunidad para crímenes de lesa humanidad.
La presidenta Boluarte afirmó que el Perú «no es colonia de nadie» y rechazó las «intromisiones» de la Corte IDH, defendiendo la plena aplicabilidad de la Constitución y las leyes nacionales. El ministro de Justicia, Juan José Santiváñez, appointed el 23 de agosto de 2025, señaló que la soberanía implica no permitir injerencias que excedan los convenios suscritos y que «todos los escenarios son posibles» respecto al retiro.
Proceso y Plazos para el Retiro
El procedimiento legal para denunciar la Convención Americana de Derechos Humanos (Pacto de San José) requiere:
Denuncia formal ante la OEA: El Ejecutivo debe notificar a la Secretaría General de la OEA, iniciando un plazo de un año para que la denuncia surta efecto. Durante este período, el Perú permanece sujeto a las obligaciones del tratado.
Reforma constitucional: Para ampliar la pena de muerte (actualmente restringida a traición a la patria en guerra), el Congreso debe modificar el artículo 140 de la Constitución, lo que exige dos legislaturas consecutivas y mayoría calificada de dos tercios (6-12 meses).
Legislación secundaria: Aprobación de leyes específicas para regular la aplicación de la pena capital (varios meses adicionales).
El proceso completo podría durar 2-3 años, según estimaciones oficiales.
Antecedentes y Posturas Internas
Historial de desacatos: El Perú acumula más de 20 incumplimientos de sentencias de la Corte IDH, ubicándose entre los países con mayor resistencia a las obligaciones internacionales en la región.
Intentos previos: En 1999, el gobierno de Alberto Fujimori intentó retirar al Perú de la Corte IDH, pero la Corte determinó que la Convención Americana no permite la retirada unilateral una vez aceptada la competencia.
División en el Gabinete: El ministro de Desarrollo Agrario, Ángel Manero, confirmó que no hay consenso en el Consejo de Ministros, con posiciones divididas sobre la conveniencia del retiro.
Implicaciones y Críticas
Consecuencias internacionales: El internacionalista Francisco Belaúnde advirtió que la salida dañaría la imagen del Perú, especialmente tras las críticas por la represión de protestas (2022-2023), y no tendría efecto inmediato, ya que los casos en curso seguirían su trámite.
Financiamiento a grupos terroristas: Según denuncias de congresistas como José Cueto, la Corte IDH habría beneficiado a terroristas y organizaciones criminales mediante indemnizaciones millonarias pagadas por el Estado peruano, aunque las fuentes no precisan cifras exactas.
Esta situación refleja la tensión entre el orden temporal y los mecanismos globalistas que, bajo la apariencia de protección de derechos, promueven ideologías contrarias al orden natural y la moral católica. La Corte IDH, al invalidar leyes nacionales y exigir reparaciones que han beneficiado a grupos terroristas, opera como un instrumento de la revolución cultural que busca erosionar los fundamentos de la civilización cristiana.
El nombre del cristiano
La señal del cristiano
La doctrina cristiana
Dios uno y trino
Dios Creador
Dios Salvador
Dios Santificador
Dios Remunerador
Mandamientos de la Ley de Dios
Mandamientos de la Santa Madre Iglesia
Los pecados
La gracia
Las virtudes
La oración
Los sacramentos
Llamados a la guerra de Dios
El Santo Evangelio según San Mateo nos narra cómo nuestro Señor Jesucristo instituye su única y verdadera Iglesia sobre el Apóstol San Pedro al decirle: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». Al texto de la institución le sigue una muy importante y fundamental promesa: «Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella».
La divina promesa de una victoria es también la de una guerra; no una guerra corta o de una sola batalla, sino una guerra que durará hasta el fin de los tiempos. Así lo confirma el Concilio Vaticano II en la constitución Gaudium et Spes:
«A través de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas, que, iniciada en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor, hasta el día final. Enzarzado en esta pelea, el hombre ha de luchar continuamente para acatar el bien, y sólo a costa de grandes esfuerzos, con la ayuda de la gracia de Dios, es capaz de establecer la unidad en sí mismo».
Se trata, entonces, de un ataque constante, perpetuo e implacable, emprendido por las fuerzas del infierno contra el Cuerpo Místico de Cristo, un asedio perpetuo que solo concluirá con la gloriosa parusía de nuestro Señor. De allí que algunos piadosos autores católicos, a las tradicionales cuatro notas de la Iglesia —una, santa, católica y apostólica— suelan añadir una quinta: la de perseguida.
Esto último, lejos de parecerse en lo más mínimo a una suerte de victimismo derrotista, nos permite entender mejor por qué el n.º 409 del Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que, ante esta situación dramática en la que se encuentra el mundo, la vida del hombre constituye un continuo combate.
El llamado de los apóstoles: lucha, no huida
Aquel poderoso «Manteneos a salvo de esta generación perversa» con el que el Apóstol San Pedro, cabeza visible de la Iglesia, pronunció su primer discurso público el día de Pentecostés —uno de los más fuertes y directos que encontramos en todo el Nuevo Testamento—, lejos de parecerse en lo más mínimo a una cobarde retirada del mundo, constituye una clara llamada a la acción: a una permanente contienda contra el enemigo, que no es otro que la perversa generación que nos ha tocado vivir.
Empalma perfectamente con la exhortación del Apóstol San Pablo en 1 Tim 6, 12:
«Lucha la buena lucha de la fe; echa mano de la vida eterna, para la cual fuiste llamado», y con lo que nos dice el libro de Job: Militia est vita hominis super terram, —«Milicia es la vida del hombre sobre la tierra».
Nuestro Señor mismo, en el Evangelio según San Mateo, nos enseña que esta guerra parte de una constante persecución contra sus discípulos cuando nos dice: «Seréis odiados de todos los pueblos por causa de mi nombre»; pero a su vez nos anima cuando nos dice en el Evangelio según San Lucas: «Dichosos sois cuando os odiaren los hombres», y es que el premio para quien así combata en medio de este valle de lágrimas supera toda nuestra capacidad imaginativa: la Patria Celestial, el hogar verdadero de todo católico.
Recién allí formaremos parte de la llamada Iglesia Triunfante. Hasta entonces somos lo que el Catecismo Romano llama Iglesia Militante, «integrada por todos los fieles que aún viven en el mundo» y cuyos miembros «deben aún sostener una dura y continua lucha contra los terribles enemigos espirituales: mundo, demonio y carne».
Los tres enemigos del alma
Sobre el demonio y la carne quizá no haya mucho que explicar. Se entiende que el primero se propone como fin tentar, engañar y destruir al género humano, alejándolo de Dios y llevándolo al pecado. De allí que en 1 Pedro 5, 8 podamos leer: «Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar».
Con respecto a la carne, no se hace referencia únicamente al cuerpo físico, sino a la naturaleza humana caída y propensa al pecado. Es el conjunto de deseos y pasiones desordenadas que se oponen a la voluntad de Dios; en este sentido, dirá San Pablo: «Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero» (Rom 7, 19).
Ahora bien, con respecto al mundo, conviene detenernos un poco más de cara a los temas que veremos más adelante. El mundo del que habla el Catecismo Romano es el mismo que menciona San Agustín cuando enseña que los miembros del Cuerpo no deben pretender eximirse de la obediencia a la Cabeza, ni negarse a ser parte del Cuerpo por no estar dispuestos a soportar junto con la Cabeza el odio del mundo (Tract. in Io., 87, 2).
¿De qué mundo se está hablando? Podemos leer en la primera carta del Apóstol San Juan: «El mundo entero está bajo el Maligno», haciendo referencia a quienes aman este mundo terrenal en menosprecio del Cielo.
Por otro lado, en la segunda carta a los Corintios leemos: «Cristo estaba en Dios, reconciliando consigo al mundo», haciendo referencia a quienes llevan una vida virtuosa informando el orden temporal de cristianismo.
Podemos notar entonces que el término “mundo” no es unívoco: hay un mundo que debemos rechazar (el que está bajo el poder del maligno y odia a Dios y a su Iglesia) y otro que debemos conquistar (el orden temporal que debemos conquistar o reconquistar, según sea el caso).
Vivimos en el mundo, pero no somos del mundo; somos de Cristo.
Si adoráramos al mundo, este nos amaría, pero nos odia porque adoramos al único Dios y lo reconocemos como Señor de Señores sobre todo lo existente, incluyendo el orden temporal, quitándole así territorio al Demonio, príncipe de este mundo.
Testimonios de lucha: La voz de la Tradición y del Magisterio
La tercera parte de la lección 15 del Catecismo de Baltimore dice: «Se nos llama soldados de Cristo para señalar que debemos resistir los ataques de nuestros enemigos espirituales y afianzar nuestra victoria sobre ellos siguiendo y obedeciendo a Nuestro Señor. Tenemos motivos sobrados para no avergonzarnos jamás de la Fe católica, porque es la Fe tradicional establecida por Cristo y enseñada por sus Apóstoles. Es la Fe por la que padecieron y dieron la vida incontables mártires. La Fe que ha traído al mundo la verdadera civilización, con todos sus beneficios. Y es la única Fe que verdaderamente puede reformar y mantener la moral pública y privada. Es preciso conocer los misterios fundamentales de la Fe y los deberes del cristiano (…) ya que es imposible ser un buen soldado sin conocer el reglamento del ejército en cuyas filas se combate y entender las órdenes de Cristo. La expresión “los días son malos” se refiere a la época en que vivimos, rodeados por los cuatro costados de incredulidad, doctrinas falsas, libros malos, malos ejemplos y tentaciones de toda índole».
Desde los primeros siglos del cristianismo, ya se tenía clara esta perspectiva bélica de la vida diaria del cristiano. El Martirologio de Tertuliano, de finales del s. II e inicios del III, nos habla de una llamada bélica vinculada al bautismo: «Se nos ha convocado a la guerra del Dios vivo, desde el momento en que respondimos conforme a las palabras del Sacramento, es decir, cuando pronunciamos el voto bautismal de obediencia a Cristo».
La Epístola de Clemente a Jacobo, texto del s. III atribuido a Clemente de Roma, tercer Papa después de San Pedro, hace una ardiente exhortación a ser en todo momento buenos soldados de Cristo: «Considerad bien lo que os digo: ¿Cuándo tiene Cristo necesidad de vuestra ayuda? ¿Ahora, cuando el Maligno ha declarado la guerra a su Esposa, o en los tiempos venideros, cuando Cristo reinará victorioso sin necesidad de más asistencia? ¿Acaso no es evidente para el que tenga el menor entendimiento, que es ahora cuando la necesita? Así pues, apresuraos de buen grado ante la presente necesidad de librar batalla bajo el estandarte de este buen Rey, que se caracteriza por otorgar generosos galardones después del combate».
En la misma línea, el Catecismo de San Cirilo de Jerusalén, escrito en el s. IV, sentencia:
«Os habéis incorporado a las filas del Gran Rey».
Y en este mismo sentido nos dirá San Juan Crisóstomo: «Oh cristiano, eres soldado cobarde si piensas que vas a vencer sin luchar y a triunfar sin esfuerzo. Despliega tu fuerza, lucha con valor, pelea sin desmayo en esta refriega. Recuerda tu pacto, atiende a las condiciones, mira lo que es la milicia: el pacto, lo hiciste; las condiciones, las aceptaste; en la milicia, te alistaste».
El Papa León XIII, en su encíclica Inimica vis, enseñó: «Existe una fuerza enemiga, la cual, a instigación e impulso del espíritu del mal, no dejó de luchar contra el nombre cristiano y siempre se asoció con algunos hombres para juntar y dirigir sus esfuerzos destructores contra las verdades que Dios reveló, y, por medio de funestas discordias, contra la unidad de la sociedad cristiana. Son como cohortes dispuestas para el ataque, y nadie ignora cuánto la Iglesia hubo de sufrir sus asaltos en todo tiempo. Ahora bien, el espíritu común a todas las sectas anteriores que se sublevaron contra las instituciones católicas, revivió en la secta llamada masónica, la cual, prendada de su poder y riqueza, no teme avivar el fuego de guerra con una violencia inaudita y de llevarlo aún en todas las cosas más sagradas».
Igualmente, en su encíclica Sapientiae christianae, sostiene: «Negarse a combatir por Cristo significa luchar contra Él. Él mismo nos garantiza que negará ante su Padre celestial a quienes se nieguen a confesarlo en la Tierra».
«Los enemigos de la Iglesia tienen por objetivo –y no vacilan en proclamarlo, jactándose muchos de ello– la destrucción total, si fuera posible, de la religión católica, única verdadera. Con tal finalidad, son capaces de todo, porque saben de sobra que cuanto más se desanimen quienes los resisten, más fácil les resultará llevar a cabo su impío plan. Por eso, los que estiman la prudencia de la carne y fingen desconocer que todo cristiano tiene que ser un valiente soldado de Cristo; los que desean alcanzar los premios merecidos por los vencedores, mientras viven como cobardes sin participar en la lid, están tan lejos de frustrar el avance de los inclinados al mal que, por el contrario, hasta contribuyen a fomentarla».
Pío XI, en una homilía pronunciada durante la canonización de San Juan Fisher y Santo Tomás Moro, nos enseña: «Los incrédulos y los enemigos de la fe católica, cegados por la presunción, pueden ciertamente renovar constantemente sus ataques a todo lo que se llama cristiano, pero al arrebatar a la Iglesia militante a aquellos a los que matan, se convierten en instrumento de su martirio y de su gloria celestial».
No menos hermosas que ciertas son estas palabras de San León Magno:
«La religión de Cristo, cimentada en el misterio de la Cruz, no puede ser vencida por ninguna forma de crueldad: las persecuciones no debilitan a la Iglesia, sino que la fortalecen. El campo del Señor no deja nunca de producir nuevas cosechas, mientras las semillas sacudidas por las tormentas arraigan y se multiplican».
El cardenal Karol Wojtyła, futuro papa Juan Pablo II, en un discurso con motivo del Congreso Eucarístico celebrado en Filadelfia en 1976, declaró: «Actualmente asistimos al mayor conflicto que ha experimentado la humanidad en su historia. No creo que la sociedad de los EE.UU., ni tampoco la Cristiandad en su conjunto, lo perciban plenamente. Estamos viviendo el enfrentamiento definitivo entre la Iglesia y la antiiglesia, el Evangelio y el antievangelio, Cristo y el anticristo. Este conflicto entra en los planes de la Divina Providencia. Es, por tanto, el plan de Dios, y la Iglesia debe aceptar esta prueba, afrontándola valerosamente».
El papa Juan Pablo II señaló las raíces de este conflicto: «Este combate contra el Diablo que caracteriza al Arcángel San Miguel no ha terminado, porque el Diablo sigue vivo y activo en el mundo. Es más, el mal que contiene, el desorden que observamos en la sociedad, la infidelidad del hombre, la fragmentación interna de la que es víctima, no son meras consecuencias del pecado original, sino también el efecto de las tenebrosas y contagiosas actividades de Satanás, saboteador del equilibrio moral del hombre» (Discurso pronunciado el 24 de mayo de 1987 en el monte Gargano).
Benedicto XVI habló de la necesidad de combatir al mal en nuestros tiempos:
«Hoy la palabra Ecclesia militans está algo pasada de moda; pero en realidad podemos entender cada vez mejor que es verdadera, contiene verdad. Vemos cómo el mal quiere dominar en el mundo y es necesario entrar en lucha contra el mal. Vemos cómo lo hace de tantos modos, cruentos, con las distintas formas de violencia, pero también disfrazado de bien y precisamente así destruyendo los fundamentos morales de la sociedad. San Agustín dijo que toda la historia es una lucha entre dos amores: amor a uno mismo hasta el desprecio de Dios; amor a Dios hasta el desprecio de uno mismo, en el martirio. Nosotros estamos en esta lucha» (Palabras del Santo Padre a los cardenales, 2 de mayo de 2011).
Ya en 1946, Pío XII hizo un análisis muy acertado y realista de la situación espiritual del mundo y de la Iglesia en nuestro tiempo: «El objetivo al cual dirige hoy el adversario sus arremetidas, abierta o sutilmente, ya no es, como solía ser hasta ahora, un punto concreto de la doctrina o la disciplina, sino todo el conjunto de la fe y de la moral cristiana hasta las últimas consecuencias. Dicho de otro modo: se trata de un asalto total; de un sí rotundo o un no rotundo. En tales circunstancias, el verdadero católico debe mantenerse tanto más firme todavía sobre el terreno de su fe y demostrarla en la práctica» (Discurso a los jóvenes de Acción Católica de Italia, 20 de abril de 1946).
Al santo John Henry Newman debemos esta alentadora declaración sobre el triunfo de la Iglesia en la batalla contra el mal y el mundo: «No tiene nada de novedoso en la Iglesia que, en tiempos de confusión y ansiedad, cuando abundan los escándalos y el enemigo está a la puerta, sus hijos, lejos de desfallecer, mejor dicho gloriándose en el peligro, como se alegran los valientes en los desafíos que ponen a prueba su fuerza; no tiene nada de novedoso, digo, que emprendan su tarea como si estuvieran en los tiempos de mayor prosperidad. (…) La evocación del pasado nos augura el éxito. Nuestros estandartes portan los nombres de numerosos campos de batalla que nos hinchieron de gloria. Somos fuertes en la fortaleza de nuestros predecesores, y con nuestra humilde capacidad, queremos hacer lo que hicieron los santos que nos precedieron. (…) No hace falta tener carácter heroico para afrontar estos tiempos y mirarlos con desdén; porque somos católicos. Contamos con dieciocho siglos de experiencia. (…) Una o dos, o una docena de derrotas, si las tuviéramos, no serán suficientes para acabar con la grandiosidad de llamarse católico» (Discursos ante congregaciones mixtas, 12).
Con la perspectiva que nos brinda San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales, donde nos dice: «Considera la guerra que vino a traer Cristo Jesús del Cielo a la Tierra», entendamos que la vida cristiana es una constante milicia digna de los más valientes soldados de Cristo, donde cada acto de fe y obediencia contribuye a la victoria del Reino de Dios.
Al seguir el ejemplo de santos y mártires que, en medio de grandes tribulaciones, mostraron un coraje inquebrantable, no podemos permitirnos la indiferencia ni la pasividad. Su testimonio nos llama a un compromiso activo y valiente contra el mal, rechazando cualquier forma de inacción que pueda ser vista como la mayor impiedad.
Que estas breves líneas sirvan para recordarte que hemos sido llamados a aventurarnos en la más gloriosa y noble de todas las empresas: militar al servicio de Cristo Rey. Que este llamado nos inspire a perseverar con fuerza y fervor, sabiendo que cada esfuerzo en esta guerra es una participación en el plan divino y una contribución al triunfo final del Bien sobre el mal.
«Yo soy el Alfa y el Omega, el principio y el Fin…» Ap. 21, 6
Ya desde el Antiguo Testamento, bondad y verdad se nos presentan como los principales atributos morales de Dios y como resultado inmediato de sus operaciones divinas, puesto que es un espíritu infinitamente puro[1]. Los pasajes en los que se dice que Dios está lleno de verdad y bondad —en latín, Plenitudo veri et boni— son abundantes. Santo Tomás de Aquino, doctor de la Iglesia, identificará a Dios con el Sumo Bien[2] y la Suma Verdad[3]. Recordemos que el bien es el objeto de la voluntad y la verdad, el de la razón. De esta manera, podemos entender mejor cuando el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí[4].
[1] Salmos 25(24), 10; 40(39), 11.12; 57(56), 4.11; 85(84), 11; 86(85), 15; 117(116), 2. Ex. 34,6
[2] S.T., I q. 6, a. 2, c.
[3] S.T., I q. 16, a. 5, c.
[4] C.E.C. 27
De los atributos mencionados, se destacó más la verdad por ser la primera de todas las perfecciones. En este sentido, los antiguos hebreos le atribuyeron un significado místico a la palabra Emeth (אמת) —verdad en hebreo— por iniciar con la primera letra de su alfabeto y concluir con la última. Recordemos que el hebreo se lee de derecha a izquierda; de esta manera, podemos distinguir, en el equivalente hebreo del principal atributo divino, las letras א álef, מ mem y ת tav. Al compartir tan particular característica el principal atributo divino con el alfabeto hebreo, se empezó a usar estas dos letras, álef y tav, para enseñar que Dios es el creador de todo y el fin de todo.
El cristianismo primitivo asumió también esta forma de expresar la eternidad de Dios por medio de la primera y la última letra del alfabeto, aunque ya no del hebreo, sino del griego, que serían alfa y omega. Lamentablemente, con esto se perdió una parte del significado y de la belleza de esta forma de designar a Dios, ya que Ω (omega) no es la última letra de αλήθεια (alētheia, “verdad” en griego). Sin embargo, el sentido de señalar la perfección divina a través de este uso se mantuvo por varios siglos.
El capítulo primero del Evangelio según san Juan, después de decir que el “Verbo era Dios»[1], nos indica en el versículo 14 que el “Verbo habitó entre nosotros, lleno de gracia y verdad»[2]. La frase es idéntica a Ex 34,6, donde se dice de Dios que está “lleno de bondad y verdad»[3]. Con esto, podemos afirmar que lo que Moisés dijo de Dios, el evangelista lo dice de Cristo. En el Apocalipsis, hasta el capítulo 1, versículo 8, “el alfa y la omega” se usa de forma idéntica a su equivalente hebreo[4]; pero en los dos últimos capítulos se emplea para designar a nuestro Señor Jesucristo[5], señalando así su divinidad y su vínculo con todos los atributos divinos mencionados en la Antigua Alianza.
[1] Jn. 1, 1
[2] Jn. 1, 14
[3] Ex. 34, 6
[4] Ap. 1, 1-8
[5] Ap. 21, 6; 22,13
Cabe señalar que la eternidad e infinita perfección de Dios, como sumo Bien y suma Verdad, no es el único aspecto doctrinal que se desprende de la expresión “Alfa y Omega”. Veamos qué nos dice nuevamente el inicio del evangelio según san Juan: «En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio en Dios. Todas las cosas han sido hechas por Él, y nada de lo que existe ha sido hecho sin Él[1]». Se resalta aquí, con claridad, la acción creadora de Dios y el papel del Hijo en esta. Pero, si profundizamos un poco más en lo leído, podremos ver cómo la preposición “por” denota tanto causa como fin —alfa y omega—; es decir, la creación entera encuentra en Cristo su razón de ser, ya que de Él procede y hacia Él tiende.
En este sentido, la carta a los Hebreos nos dice lo siguiente: «Dios, que en los tiempos antiguos habló a los padres en muchas ocasiones y de muchas maneras por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado a nosotros en su Hijo, a quien ha constituido heredero de todo y por quien también hizo las edades; el cual es el resplandor de su gloria y la impronta de su substancia, y, sustentando todas las cosas con la palabra de su poder, después de hacer la purificación de los pecados, se ha sentado a la diestra de la Majestad en las alturas, llegando a ser tanto superior a los ángeles cuanto el nombre que heredó es más eminente que el de ellos»[2].
Queda claro, entonces, a partir de la expresión “herencia” que acabamos de leer, que la creación entera no tiene otro fin o heredero que Cristo, Señor nuestro.
[1] Comienzo del Evangelio según San Juan
[2] Hb 1,1-4
Huelga decir que no solo el espacio ha sido creado por Dios, sino también el tiempo, los siglos o las edades, como se les quiera llamar, tal como lo hemos visto en la carta a los Hebreos. El tiempo fue concebido con un fin, que es Cristo mismo, puesto que, además de ser el creador de todo, también es el fin de todo, el heredero de todo, como ya hemos mencionado.
Si quisiéramos usar un lenguaje más metafísico, podríamos sintetizar esto diciendo que la primera causa eficiente se identifica con la última causa final, ya que es Dios mismo. No está de más mencionar también que, cuando hablamos de herencia, no nos estamos limitando a un derecho de posesión o de propiedad sobre lo creado; es mucho más: nos hace ver la direccionalidad de la misma historia en servicio de nuestro Señor Jesucristo.
Así, entonces, todos los avances logrados a través de los siglos le pertenecen a su divina majestad. Sócrates, Platón, Aristóteles y todos los que se esforzaron por conocer la verdad antes de la venida del Mesías al mundo, así como aquellos que han aportado algún bien a la sociedad, incluso sin deseos de abrazar la Revelación divina, trabajaron y trabajan para nuestro Señor Jesucristo y para su Iglesia.
Si Cristo, nuestro Señor, es dueño del tiempo y del espacio, y, por tanto, dueño también de todos los avances de la inteligencia humana conseguidos a través de los siglos, se entiende, entonces, por qué su Esposa, la Iglesia, con total derecho, llegó a recoger el fruto de la inteligencia antigua y lo perfeccionó en el crisol de la fe, hasta el punto de regir, con creciente armonía, el orden temporal en el esplendor de la Cristiandad. Tiempos en los que, a decir del papa León XIII, “la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados” y, como veremos más adelante, cuando decimos “Iglesia” no nos estamos refiriendo únicamente a la jerarquía eclesiástica.